El papa Francisco se une a la batalla contra los transgénicos



Hace unos siglos, la industria de biotecnología hubiera podido comprar una bula para expiar sus pecados y obtener la redención. Pero en su ecológica encíclica “Laudato si”, el papa Francisco condenó a los organismos genéticamente modificados (OGM) sin perdón posible.
En la primera carta circular a los católicos de su plena autoría desde que inició su pontificado en 2013, el argentino Jorge Mario Bergoglio critica a los OGM por sus impactos agrarios, sociales y económicos y demanda un debate amplio y científico sobre ellos.
Laudato si, Alabado seas en italiano antiguo, toma el título de un cántico de Francisco de Asís que reza: “Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba”.

Esta encíclica, es la primera en la historia dedicada a la situación ambiental y a reflexionar sobre “la casa común” de la humanidad, el planeta.
El documento reconoce la falta de “comprobación contundente” acerca del daño que podrían causar los OGM a los seres humanos, pero destaca que existen “dificultades importantes que no deben ser relativizadas”.
“En muchos lugares, tras la introducción de estos cultivos, se constata una concentración de tierras productivas en manos de pocos debido a la progresiva desaparición de pequeños productores que, como consecuencia de la pérdida de las tierras explotadas, se han visto obligados a retirarse de la producción directa”, cita la encíclica.
A causa de ello, el primer papa latinoamericano denuncia la precarización del empleo, la migración rural hacia chabolas urbanas, el arrasamiento de los ecosistemas y el surgimiento de oligopolios semilleros y de insumos.
Ante ese contexto, Francisco propone “una discusión científica y social que sea responsable y amplia, capaz de considerar toda la información disponible y de llamar a las cosas por su nombre”, porque “a veces no se pone sobre la mesa la totalidad de la información, que se selecciona de acuerdo con los propios intereses, sean políticos, económicos o ideológicos”.
Es el tipo de debate faltante en torno a los OGM y en el cual la industria biotecnológica se ha negado a abrir sus bases de datos para comprobar si son inocuos o no.
  
Ese debate necesita, argumenta la encíclica, “espacios de discusión donde todos aquellos que de algún modo se pudieran ver directa o indirectamente afectados (agricultores, consumidores, autoridades, científicos, productores y vendedores de semillas, poblaciones vecinas a los campos fumigados y otros) puedan exponer sus problemáticas o acceder a información amplia y fidedigna para tomar decisiones tendientes al bien común presente y futuro”.
El papa conoce cercanamente el impacto de los cultivos transgénicos, porque Argentina, su país, es según los expertos donde las semillas modificadas más han alterado la agricultura tradicional dentro de América Latina. Un ejemplo es el del cultivo de la soja, donde de los 31 millones de hectáreas cultivadas en el país, 20,2 millones son de semillas modificadas.
El monocultivo sojero desplaza a los productores locales, genera alta concentración en el sector y crea “un círculo vicioso altamente peligroso para la sustentabilidad de nuestros sistemas productivos.
La encíclica es muy esperanzadora, porque ha expresado una postura ecologista. Toca fibras muy sensibles, la situación es terrible y amerita la intervención papal. Nos da fuerza moral para seguir en la lucha.


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